Un viernes de una semana cualquiera me levanto y el destino es más que predecible, la rutina consiste en ir a la universidad, escuchar las clases, almorzar, acudir a una productora en la cual practico y luego de ello visitar algunos clientes pues todos ya saben que mi pasatiempo se convirtió en empleo, y está relacionado a los animales de los cuales haga lo que haga no quiero desligarme nunca.
Luego voy a casa y termino sentado frente a la computadora, intentando aprender a escribir aunque me recuerde con cada raya roja en el monitor que aún soy solo un simple aprendiz.
Hoy viernes 6 de noviembre de 2009 es diferente. Dejaré Lima rumbo a Huancayo, eso involucra que mi imaginación un tanto descansada por el estrés y la habitualidad que se vive en Lima despierte cual niño hambriento en busca de leche materna.
Pese a que he sido mochilero desde mi edad adolescente, los pocos presupuestos que tenía los he usado en visitar la zona costera del Perú y por allí con suerte, debido algunas invitaciones, la selva.
Es por eso que este acontecimiento para mí, marca el saciar esa necesidad de conocer la Sierra, más allá del Cusco, como la ciudad más publicitada y atrayente ubicada en ella. La cual había tenido el privilegio de visitar años atrás por aquellos viajes de promoción que se estila hacer en los colegios capitalinos.
Desde el cielo muchas veces he apreciado paisajes, lagunas y territorios para mí, vírgenes. Rutas de ríos que ahora entiendo no van, si no vienen y llegan a nosotros partiendo de esa montaña que muchas veces nos parece reacia, dura, fría, mala. Pero es ella que nos da de beber y comer, más que eso allí verdaderamente vive la madre de la madre naturaleza.
Y Así junto a relatos decompañeros de trabajo, amigos y demás, iba dándome una idea de lo que es la sierra. Acrecentando mi entusiasmo por estar allí de una vez y conocerla, lo cual ya tenía planificado para el año entrante pero gracias a Dios lo puedo hacer hoy.
Mi deseo al parecer fue olfateado por esa suerte que tiene uno de encontrarse con personas que están en este mundo para cambiarle la vida a otros. Un día sin querer me involucré en un tema al cual nunca había dado la importancia que merecía y que hasta antes de eso incluso no me generaba ningún sentir más que comerla y saciar el hambre: La Papa.
Miles de veces he comido papa, otras miles de veces más seguro las he dejado de comer. Ahora reflexiono que forman parte de nuestras primeras palabras: mamá, papá, papa.
Pues los peruanos papeamos desde siempre, “a ver mi hijito quiere su papa” son frases de cualquier mamá que da de comer a su niño: “Ya papeaste", “estas bien papeado” o incluso el clásico “échale más papa al caldo”. Son frases muy familiares en nuestras sociedades.
Y ni que decir de las clásicas papillas, aunque éstas se logren de cualquier fruto todo lo que es aplastado y comestible para un bebé , es papilla.
Manteniéndonos desde siempre unidos a escuchar o relacionar la palabra papa o en cualquiera de sus diminutivos, como nuestra fuente de alimento inicial y eterno que se instala en nuestras mentes desde natos.Este tubérculo que encierra mucho más que un simple nombre y lejos de su principal función de saciar el hambre se convierte para mí, desde entonces, en una suerte de conexión con el éxito.
Es por ello que el presente trabajo de desliza cronometrando las experiencias vividas en torno a ellas y muy especialmente contando las valorables acciones que se están poniendo en marcha para que la papa nativa , la cual produce Quilcas, no desaparezca y encuentre un adecuado mercado para que fortalezca su desarrollo.








