La vereda que me cedió un espacio fue testigo de la espera, con una cajetilla de cigarro que encendida jugaba a crear luces de esperanza para verla, ¿ tan difícil sería? pues yo no habitúo este lugar, soy un foráneo, un transeúnte que rara vez podría detenerse siquiera a amarrarse los zapatos, detesto la espera pues mi oficio es ser mensajero y cuando los demás ansían sus letras uno no puede detenerse, pero ese día lo hice.
Me detuve y conmigo muy obediente mi reloj que oportuno o inoportuno se confabuló para que la espera no sea medida en horas si no en posibilidades. Mientras tanto la ansiedad aparecía trayendo pensamientos repetidos los cuales no hago caso porque si hay algo que no les he dicho es que aparte de mensajero tengo el don de vidente y éstas me alentaban a esperar y seguir con mi propósito . Las posibilidades eran muchas, ¿ pero a quién espero? pues les tengo que contar.
Resulta que un día me enviaron a entregar un paquete a una casa muy grande y lujosa pero cuando llegué la estaban remodelando, cuando pregunté me dijeron que la familia que habitaba antiguamente vendió su propiedad a la universidad que allí estaban construyendo y con ese dinero partió a Londrés a reunirse con sus demás familiares, yo justamente a eso venía a entregar una encomienda proveniente de Londres. Mientras daba la explicación gritando debido al fuerte sonido de las máquinas de construcción que impedía un buen entendimiento con los vigilantes del lugar, solo atiné a decir que el paquete estaría en el correo a la espera de su destinatario. Si embargo pronto recibí la noticia que dicho paquete me habría sido obsequiado en vista que era imposible su reclamo, Para esto vía telefónica una amigable voz femenina con acento Inglés me sugería usar el regalo que inicialmente era enviado a su joven primo pero que ya se encontraba rumbo a Lóndres.
Con tanta barahúnda decidí dar por resuelto el gesto aceptando el obsequio. Abrí la caja encontrando artículos sobre Charles Chaplin, uno de ellos era un polo que tenía impreso la cara de este personaje pero de una manera no muy convencional si no formado con sombras que al estilo sicológico nos llevaba a completar el rostro del personaje apelando a Gestalt.
Había entre otros objetos una carta la cual no abrí por supuesto y a pesar de que nadie reclamaría, la carta no era para mí y nada allí me podría interesar así que no pequé de curioso y al no encontrar más cosas que me sirvan de momento cerré la caja y la guardé bajo mi cama ya que en este reducido cuarto no hay lugar para más, vivo en la azotea de un antiguo edificio en la avenida central de la cual no te digo el nombre porque no quiero que me ubiques, tengo una ventana con marco de madera las cuales me transportan dibagando en mis ratos de ocio , haciendo poemas en aviones de papel que lanzo al aire y disfruto ver volando unos segundos imaginándome la vez que caerá en los pies de alguna señorita a la que pueda enamorar, pero en vez de eso recibo el reclamo de las palomas que espantadas inician el vuelo cada vez que el avión rompe su reposo en la plazuela y del viejo maestro José que de tantas veces que lo hago ha cedido y ahora solo atina a recogerlos y tirarlos al tacho mientras sigue barriendo la vereda. Al comienzo me molestaba, porque sentía que se llevaba momentos de inspiración que lejos de rodear a una fémina terminaba arrugado dentro del tacho del limpiador, debido a ello y en momentos inciertos comencé a escribir tonterías incluso insultos pero dirigidos al barrendero, claro todo esto antes de conocerlo porque era precisamente ese tiempo donde él emanaba carajos a montones elevando su mirada hacia mi balcón pero yo no dejé de hacerlo todos los días lanzaba un avión aunque no todos los días escribía dentro del él. Con el tiempo cuando nos acostumbramos José me preguntó por qué lanzo aviones todos los días y yo sólo atiné a decirle por la misma razón que limpias las calles todos los días. Pero además José tengo una pregunta que hacerle, usted nunca me ha reclamado por los improperios que allí ponía sobre su persona, confieso ahora que lo conozco que se trataba de retribuir sus gritos y ofensas cada vez que me miraba lanzando uno de ellos y de alguna manera librar mi cólera porque sepa que hubiera preferido gritar pero aquí como comprenderá soy solo un inquilino y eso sería motivo de que me desalojen. Siempre me extrañó que no me reclame sobre eso, y su respuesta fue contundente, es que yo no se leer y con esa última frase siguió dándole a la escoba y caminando.
continuará...